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Creatives in Action #3 Vocación de Arte: Margherita Pandolfini

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Entrevistas desde el estudio: Margherita Pandolfini. La primera vez que fui al estudio de Margherita fue una mañana casi cálida de febrero. Como siempre, me costó encontrar la puerta correcta ya que se trata de una de las típicas puertitas escondidas de Firenze. Ella me abrió la puerta con una sonrisa enorme aun cuando era la primera vez que nos veíamos y subimos juntas a su estudio. Un espacio amplio, luminoso y muy tranquilo. Me traté de imaginar cómo sería trabajar ahí, con la vista al jardín, el suave rumor de la fuente de agua y con el sol entrando sin problemas por todas las ventanas.

Margherita es una persona natural, relajada y que rápidamente te hace sentir como en casa. Su estudio, de colores cálidos y muchas formas naturales es casi un viaje a un jardín privado, ese que vive en su mente creativa espontánea.

entrevista realizada originalmente en italiano

¿Cómo te llamas y cómo te defines profesionalmente?

Me llamo Margherita Pandolfini y soy una artista multidisciplinar.

¿Por qué decidiste dedicarte a esto?

Más que nada, ha sido un largo camino. En realidad, siempre he sido creativa: siempre me ha gustado el arte, de pequeña asistí a escuelas de arte. No fue una decisión propiamente dicha, digamos que fue… una especie de vocación.

Hablo por mí misma, pero creo que también mi vida, o al menos así me lo parece, es una obra de arte. Siempre he trabajado en el ámbito creativo: galerías de arte, tiendas de moda, tiendas vintage. Al principio, el trabajo que quería hacer era el de diseñadora de moda, porque me gustaba la moda.

Desde 2024 he intentado centrarme más en mi faceta artística. Me gusta la naturaleza, pero no en sentido literal: me interesan las formas orgánicas, los colores, las texturas.

Ese mismo año me enamoré de un jardín botánico en Ventimiglia, cerca de la frontera con Italia. Era un lugar precioso, con plantas enormes que me impresionaron mucho. Decidí crear una serie de paneles y obras inspiradas en ese jardín. Desde entonces, busco jardines o plantas con una historia, pero mi trabajo nunca es literal. Tomo elementos de lo que veo y recreo lo que percibo y siento.

¿Cómo transformas las ideas, la inspiración y las emociones en obras?

Siempre parto del material. Busco tejidos que parezcan orgánicos, como la piel, las flores o las hojas. Se ha convertido en una experimentación continua. Las formas que creo suelen ser orgánicas, casi extrañas. Quizá sea porque intento recrear lo que siento a nivel psicológico o emocional.

Mi trabajo es intuitivo e inmediato: no razono demasiado con conceptos filosóficos. No parto de una idea predefinida, sino que dejo que el material y las emociones guíen el proceso. Me gusta que las personas que ven mis obras puedan interpretarlas libremente. No quiero que sea algo literal: transmito emociones y dejo que cada uno encuentre su propio significado.

Se podría decir que no tenés mucho control sobre el proceso, es decir, empezás con una idea y te dejas llevar…

Yo también estoy tratando de entender mi método de trabajo. Además de mis proyectos personales, también realizo encargos. Cuando un cliente me pide un panel, un tejido o una obra con una temática específica, también me da los colores o algunas indicaciones. Afortunadamente, aun así consigo dar rienda suelta a mi creatividad.

En mi trabajo personal no puedo hacer muchas pruebas. Con la acuarela, por ejemplo, no hago bocetos preparatorios: tengo que plasmarlo directamente. Si me detengo demasiado a pensar en lo que podría gustar, venderse o funcionar, me siento bloqueada.

Lo que más me gusta es lanzarme: no planificar demasiado, no hacer demasiadas pruebas, sino actuar de inmediato. Después, si no me convence, lo modifico. Lo que me encanta es ver cómo reacciona el material cuando lo pongo sobre el lienzo o el papel. Por ejemplo, cuando extiendo un lienzo en la pared o sobre la mesa, prefiero la mesa porque es más práctica. Con las acuarelas, me gusta ver cómo reaccionan: si pongo más o menos agua, el efecto cambia. También me gusta el gesto de pintar o dibujar. Es un descubrimiento continuo.

A veces, las expectativas no coinciden exactamentecon lo que uno quiere crear…

Sí, a veces pienso: «Tengo que hacerlo así, me gustaría que fuera así», pero luego me doy cuenta de que hay una distancia entre lo que deseo o imagino y lo que realmente quiero.

Pienso a menudo en esto porque veo obras o técnicas que me gustan en ciertos artistas: admiro su precisión, su resultado visual, pero luego comprendo que cada artista tiene su propio estilo, su forma única de hacer las cosas. Es como cuando tienes una idea precisa de lo que quieres hacer, quizá inspirada en algo que has visto, pero luego, en la práctica, no sale como esperabas.

¿Cómo es tu relación con tu espacio de trabajo? ¿Tienes algún «ritual» o costumbre cuando llegas aquí?

Sí, por la mañana, cuando entro en el estudio, me siento muy a gusto, casi feliz. Es mi espacio, mi refugio. Lo he decorado de manera que cada rincón tenga su propia historia.

Cuando entro, abro las ventanas (si no hace demasiado frío), dejo el bolso, enciendo el ordenador y la fuente de agua. Después, doy un paseito con mi perrita Molly, me tomo un segundo café y empiezo el día. Cada semana y cada día son diferentes: a veces reviso el correo o organizo el trabajo que tengo que hacer.

En ciertos momentos, siento una desconexión del trabajo creativo y me siento un poco estancada. Me digo: «Dios mío, no estoy creando». Otras veces, en cambio, me frustro porque no encuentro la misma satisfacción en el trabajo manual. Ahora, con el libro, me siento llena de energía de nuevo y estoy deseando volver al estudio.

Cuando estoy en el flujo creativo, me lanzo y trabajo de forma muy meditativa. A menudo escucho podcasts o música: suelo poner música clásica o relajante, pero últimamente he descubierto algo que me ayuda: estoy siguiendo un camino inspirado en el taoísmo, una filosofía de vida muy zen. Escucho lecciones o reflexiones sobre este tema, sobre todo porque la voz de la persona que las imparte es muy relajante. Trabajo así, entre la fuente de agua y esta atmósfera zen.

¿Qué te conmueve?

En parte, la naturaleza: cuando cojo una hoja, por ejemplo, y digo: «¡esta forma me emociona!». En inglés me sale de forma natural decir «excite me», pero en italiano suena un poco raro. Es cuando veo una forma, un color o algo bonito lo que me emociona profundamente.

Luego, últimamente, con el trabajo en el libro de artista, no es tanto la naturaleza lo que me conmueve, sino mi trayectoria personal. Quizás porque es algo muy íntimo, me emociono cuando pienso en todo el camino que he recorrido.

Me conmueven mucho los elogios sobre mi trabajo. Los comentarios sinceros son lo que más me emociona. Siempre he pensado que los elogios son algo maravilloso. Incluso antes, durante los talleres o los eventos, recibir comentarios positivos me emocionaba mucho. Es algo que me enriquece profundamente. Es difícil, porque siempre tengo la tentación de justificarme o restarle importancia, pero estoy aprendiendo a tomarlos por lo que son: un gesto sincero por parte de la otra persona.

A cada artista que entrevisto le pido que haga una pregunta para pasar a la siguiente entrevistada; por lo tanto, Brenda Laguna te pregunta: ¿crees que tu arte se ve influido por el hecho de que debes considerarlo un trabajo?

Sí, claro. De hecho, toda mi trayectoria se ha visto influida por el hecho de que el arte es también un trabajo y de que tengo que ganarme la vida con ello. Durante muchos años me dediqué a crear muebles, siempre por encargo o, en cualquier caso, con un enfoque bastante comercial. Incluso mis trabajos anteriores, como los paneles o los jardines, eran experimentales, pero al final se vendieron.

No soy una artista que crea obras imposibles de vender. Siempre he prestado mucha atención al mercado: siempre pienso si lo que creo se puede comercializar. No hago cosas de las que luego me pregunto: «Dios mío, ¿cómo lo vendo?».

Hago marketing, participo en eventos, sé cómo promocionar mi trabajo. Siempre pienso en el aspecto comercial antes de crear algo. Incluso con el libro, no sé si lo venderé, pero quizá lo proponga como una obra de arte, con cada página contando una historia.

¿Qué es lo que te mantiene fiel al proceso creativo? ¿Qué es lo que te da el impulso, la motivación? ¿Es la elección del material, el concepto, el punto de partida?

En mi caso, cuando veo algo que me inspira, quiero intentar interpretarlo de alguna manera. O bien, si hay una historia o una emoción que me conmueve, pienso: «¡Genial, a ver cómo lo desarrollo!». Es esa chispa la que te hace decir: «¡Tengo que crear algo partiendo de esta idea!».

Al terminar la entrevista Margherita me da un tour de su estudio y yo aprovecho para hacer algunas fotos. Me muestra sus libros de inspiración, su material de trabajo, sus portfolios y su proyecto actual: el artist book. Casi que no quiero irme del estudio, es tan tranquilo y luminoso que lo pongo en mi “moodboard mental” de estilo de estudios en los que me gustaría trabajar.

Muchísimas gracias, Margherita Pandolfini, por tu amabilidad y tu disposición.

Margherita Pandolfini es una pintora, artista textil y conceptual italiana. Creció en varias ciudades, entre ellas Buenos Aires, Nueva York, Barcelona, Madrid y Londres, y estudió escultura y pintura en el Camberwell College of Arts de Londres. En la actualidad, trabaja en sus proyectos artísticos personales entre Florencia y París. Puedes descubrir su obra aquí.

Florencia, quien entrevistó a Pandolfini

Sobre Florencia:

Florencia Miranda es una artista multidisciplinar. Nació en Argentina pero vive en Italia. Se formó como comunicadora social y como fotógrafa. Se ha dedicado a investigar el rol de la mujer en la historia creando proyectos, como una colección de fotobordados, un podcast sobre mujeres y entrevistas a músicas argentinas para la Radio. Lleva 3 años creando Microklima Projekt, un proyecto de street art, collage y workshops. 

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